enconstanteduda


TRAGÈDIA D’UNA ZETA
Dilluns, 10 Setembre 2007, 19:50
Classificat com a: relatos

 

Obro la tapa de l’ordinador, premo el power, espero que s’encengui la pantalla i començo a omplir un espai blanc i infinit, com una llengua blanca i ansiosa.
Escric i escric paraules, articles, adjectius que vesteixen paraules nues i noves, adverbis de temps que donen pes als instants: SOVINT, SEMPRE i MAI, imperatius absoluts i determinants, verbs que marquen l’acció dels pensaments i descriuen els fets… V BAIXES, EMES, DES, vocals A, O, E… conjuncions PERÒ, COM… Milers de paraules, lletres i sons que en conjunt prenen sentit, forma i autoritat, disfressen idees i conceptes que comunicar… fins arribar a la ZETA l’última lletra del nostre abecedari, aquella que mai usem si no estem en el parc de les bèsties, la de la sonoritat sonora i intensa, la quasi invisible, la que marca un final i el principi d’un precipici… la de l’infinit del llenguatge, aquell que no s’expressa ni amb lletres, ni amb adjectius, verbs o adverbis. La del final més absolut, la ZETA. 
(escrit 2006
)



¡OTRA VEZ!
Dilluns, 4 Juny 2007, 19:03
Classificat com a: relatos

 
 

Vivencias a partir de un relato…

Se volvió a colar en su vida. Prometió que nunca más le volvería a suceder y sucedió. Sucedió de la manera más simple y sorprendente a la vez. Un mensaje fue suficiente para provocarle ese estado de ausencia y gloria inaudita, uno de esos momentos en los que te encuentras en un espacio sin tiempo, en una paz absoluta contigo mismo y con el mundo, un momento en el que lo que te pasa por delante, pasa, simplemente pasa.
Miró la pantalla por enésima vez, hasta que cansado de esperar que las letras se movieran solas, guardó el móvil en el bolsillo, giró la bufanda tres veces sobre su cuello, se colocó el casco con sumo cuidado y encendió el motor.Los coches, la gente paseando arriba y abajo, los neones de las tiendas iluminando la calle, los cláxones, todo se iba sucediendo a su alrededor, todo daba vueltas a su alrededor pero sólo tenía la mirada fija en el carril y el destino marcando en su mente. La cabeza le iba a estallar, ese pensamiento se repetía una y otra vez – No hay garantías, no hay garantías – se decía.

Paró delante del portal verde y aparcó la moto. Se tocó el bolsillo, sacó el móvil y escribió:
- De acuerdo, mañana nos vemos. -
Fue ahí, en ese momento, que su vida ya no le pertenecía.